Choferes del transporte pesado y conductores particulares pasan el invierno en las calles a la espera de diésel y gasolina. YPFB y la ANH afirman que el suministro se estabilizará de forma progresiva tras reactivar rutas ferroviarias e intensificar los despachos desde las plantas de almacenaje.

LA PAZ / SANTA CRUZ — El calvario logístico para los transportistas bolivianos se mantiene invariable en el cierre de junio de 2026. A pesar de los compromisos de normalización emitidos por las autoridades hidrocarburíferas, las estaciones de servicio de las principales capitales del país continúan registrando filas kilométricas y persistentes de vehículos que buscan abastecerse de diésel oíl y gasolina especial, transformando las avenidas perimetrales en campamentos improvisados sobre el asfalto.
La situación más crítica la enfrenta el sector del transporte pesado e internacional. Choferes de camiones de gran tonelaje reportaron que se ven obligados a aguardar en las filas desde el domingo por la noche —soportando las bajas temperaturas invernales en sus cabinas— con la esperanza de que arriben los camiones cisterna. Por su parte, los conductores de vehículos livianos y del transporte libre urbano encaran esperas que promedian, al menos, las 5 horas para poder cargar gasolina.
El origen del cuello de botella: La resaca de 50 días de bloqueos
De acuerdo con los reportes técnicos de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), la actual escasez intermitente no responde a la falta de stock en el país, sino a un complejo desfase operativo y logístico acumulado tras las más de cinco semanas de bloqueos de carreteras que mantuvieron estrangulado al eje troncal.
La estatal petrolera detalló el proceso necesario para reordenar la cadena de suministro, un engranaje que avanza a contrarreloj:
- Ingreso y descarga retrasada: Decenas de cisternas de importación que permanecieron varadas en las carreteras fronterizas están logrando ingresar de forma paulatina a las plantas de almacenaje principales (como Senkata en El Alto o Palmasola en Santa Cruz).
- Procesos obligatorios: Una vez en las plantas, los carburantes deben someterse a descargas físicas, rigurosos controles de calidad de laboratorio y la posterior dosificación.
- Distribución masiva: Finalmente, se ejecutan las órdenes de despacho hacia los surtidores privados y estatales, un proceso que requiere días de regularidad vial para vaciar las colas acumuladas en las ciudades.
Medidas de emergencia: Rutas ferroviarias y cacería de “carguíos repetitivos”
Para acelerar la estabilización del mercado interno, el presidente de YPFB, Sebastián Daroca, informó sobre la reactivación de una ruta ferroviaria estratégica de importación que permitió el ingreso inmediato de más de un millón de litros de gasolina al territorio nacional, buscando aliviar la presión sobre el transporte por cisterna. La estatal prevé que los volúmenes adicionales inyectados reduzcan drásticamente las filas hacia los primeros días de julio.
De forma paralela, la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) intensificó los operativos de control civil y militar mediante el sistema B-SISA. Durante el último fin de semana, la entidad reguladora detectó 179 motorizados realizando carguíos repetitivos e irregulares de combustible. Las autoridades advirtieron que estas acciones —asociadas al acopio ilegal y al contrabando— agravan artificialmente la escasez, por lo que anunciaron el inicio de procesos penales bajo la Ley 100, la retención de placas vehiculares y penas de cárcel de hasta cuatro años para quienes comercialicen gasolina de forma clandestina.
“Entendemos la desesperación del sector transporte, pero pedimos calma. Estamos despachando volúmenes por encima de la demanda diaria habitual para inundar el mercado y bajar la psicosis colectiva. El precio subvencionado está garantizado y no se va a modificar”, enfatizó el director de la ANH en una inspección de emergencia.
Mientras los surtidores aplican el racionamiento y los choferes recurren a la aplicación móvil institucional para rastrear qué estaciones cuentan con saldos disponibles, el aparato productivo nacional se mantiene a media marcha, aguardando que las promesas de normalización gubernamental se traduzcan de una vez por todas en surtidores vacíos de filas y llenos de carburante.
