Nefertiti Blanco describió las horas de terror que vive el país caribeño tras los sismos de 7.2 y 7.5. La tragedia sorprendió a las familias reunidas por el feriado de la Batalla de Carabobo, dejando un saldo que ya supera las 500 víctimas fatales y más de un centenar de edificios colapsados.

CARACAS — En una de las crónicas más conmovedoras sobre la peor catástrofe natural que ha golpeado al Caribe en la última década, la periodista venezolana Nefertiti Blanco relató los momentos de pánico, confusión y luto que atraviesa su nación tras los dos potentes terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron el territorio venezolano el pasado miércoles 24 de junio de 2026.
En un contacto internacional directo con el programa El Mañanero de la red televisiva Red Uno, la comunicadora describió un panorama de consternación absoluta ante un evento sísmico cuya duración y violencia carecen de precedentes en la memoria moderna del país.
El factor feriado: Sorprendidos en el seno del hogar
De acuerdo con el desglose informativo de Blanco, los movimientos telúricos ocurrieron en una fecha de profunda significación histórica y civil para la sociedad venezolana. El 24 de junio se conmemora el aniversario de la Batalla de Carabobo, un feriado nacional que, por su carácter patrio, provocó que la inmensa mayoría de la población civil se encontrase resguardada y reunida en sus hogares al momento de desatarse el desastre.
Esta concentración familiar en estructuras multifamiliares y zonas residenciales densamente pobladas potenció el pánico colectivo. La periodista, quien reside habitualmente en la capital, Caracas, detalló que el sismo la sorprendió en el costero estado de Anzoátegui, una región donde la magnitud del evento transformó el paisaje urbano en cuestión de segundos.
“Se sintió extremadamente fuerte. Una de las imágenes más impactantes que nunca olvidaré fue ver las piscinas de las áreas residenciales y edificios: parecían un mar embravecido, con olas gigantescas que golpeaban los muros con una fuerza descomunal. El movimiento fue tan extenso que por momentos creíamos que iba a terminar, pero la tierra seguía sacudiéndose”, relató Blanco con evidente conmoción.
Psicosis colectiva y el error en los protocolos de evacuación
Uno de los puntos más críticos señalados por la corresponsal radica en el comportamiento de la ciudadanía durante el clímax del terremoto. A pesar de que en los últimos años las autoridades de protección civil habían implementado simulacros preventivos de evacuación en escuelas y oficinas, la intensidad real del desastre sobrepasó la preparación teórica de los ciudadanos.
Blanco advirtió que la psicosis y el miedo latente llevaron a miles de personas a cometer errores tácticos de alta peligrosidad que pudieron costar vidas adicionales.
“Muchos bajaron por las escaleras en pleno desarrollo del sismo, una acción que los manuales internacionales prohíben estrictamente. La evacuación de estructuras verticales solo debe ejecutarse una vez que el movimiento telúrico principal ha cesado, debido al riesgo inminente de colapso de las graderías o caídas masivas por desequilibrio”, explicó.
El colapso estructural en La Guaira y la movilización civil
El balance de la destrucción material es catastrófico, concentrándose la mayor gravedad en el estado costero de La Guaira (antiguo estado Vargas), una zona históricamente vulnerable por su topografía y densidad constructiva. Los informes oficiales confirman el desplome completo de más de 100 edificios residenciales y comerciales en esta región, mientras que la cifra global de víctimas fatales en el país ya se eleva a 589 personas fallecidas.
La logística de rescate se enfrenta a un escenario de pesadilla técnica. Las vías de acceso hacia los sectores más afectados se encuentran obstruidas por desprendimientos de tierra, fallas geológicas en el asfalto y escombros de gran tonelaje, lo que ralentiza la llegada de maquinaria pesada. Ante la insuficiencia inicial de personal estatal, la sociedad civil ha tomado el protagonismo de la emergencia: vecinos, jóvenes y familiares se han organizado en brigadas vecinales para remover bloques de hormigón con sus propias manos, guiados por los gritos de auxilio que aún emanan desde las estructuras colapsadas.
Respuesta internacional y el fantasma de las réplicas
Ante la magnitud de la tragedia, la comunidad internacional ha reaccionado de forma inmediata. Contingentes de rescatistas especializados procedentes de República Dominicana y El Salvador ya se encuentran desplegados en el terreno cooperando con binomios caninos en la detección de sobrevivientes. Más de una veintena de países y organismos multilaterales han comprometido el envío de hospitales de campaña, plantas potabilizadoras de agua y medicamentos de trauma.
Por su parte, países de la región como Bolivia han activado líneas de emergencia y consulados móviles para coordinar la asistencia o repatriación de los connacionales residentes en las zonas de desastre.
El panorama para los próximos días se mantiene bajo un estricto manto de alerta epidemiológica y civil. Las réplicas, aunque de menor intensidad, continúan registrándose de manera intermitente, quebrando los nervios de una población que prefiere dormir en plazas públicas, parques y canchas abiertas antes que regresar a unas estructuras cuya estabilidad estructural sigue siendo una incógnita.
